Las reliquias de San Fermín y las últimas Cortes de Navarra

Aquel frío mes de enero de 1829 se hallaban reunidas en Pamplona las Cortes de Navarra. Quienes integraban los Tres Estados –el eclesiástico, el militar o de la nobleza y el popular o de las universidades– no sabían, aunque algunos tal vez lo presentían, que iban a ser las últimas que celebraba este Reino antes de perder para siempre los últimos restos de su antigua soberanía. Las sesiones habían comenzado el 24 de julio del año anterior, con la tradicional ceremonia de apertura del solio por el Virrey, Excmo. Sr. Don Prudencio de Guadalfajara, Aguilera y Eraso, duque de Castro Terreño y teniente general de los reales ejércitos, cumpliendo una Real Orden de Fernando VII. Aquellas históricas sesiones tuvieron lugar en un salón de la casa principal del barón de Armendáriz en la calle San Francisco, un enorme palacio barroco del siglo XVIII que sería derribado el año 1900 para levantar en su solar el convento de las Salesas, actualmente cerrado, que fue adquirido hace unos años por la mancomunidad de servicios de la Comarca de Pamplona.

Fiesta propia del Reino

De las tres fiestas que la Iglesia dedica a San Fermín, copatrono de Navarra, la primera y tal vez la menos conocida hoy es la llamada de las Reliquias, que conmemora el milagroso hallazgo de los restos mortales del Santo, el año 615, por el obispo San Salvio cerca de la ciudad francesa de Amiens, donde tuvo lugar su martirio. Desde que en 1657 el Papa Alejandro VII declaró a San Fermín y a San Francisco Javier patronos equeprincipales de este Reino, quedó establecida una concordia entre las Cortes y la Diputación, por una parte, y el Regimiento o Ayuntamiento de Pamplona, por la otra, en virtud de la cual este último honraría a San Fermín en sus fiestas del 7 de julio y 25 de septiembre, y la Diputación –o las Cortes, cuando estuviesen reunidas lo harían el 13 de enero, si caía en domingo, o el domingo siguiente a dicho día. “El Reino –decía la citada concordia elige el día de la invención de su santo cuerpo y reliquias y su traslación a la catedral de Amiens, donde están, por haber en esta ocasión la Divina Majestad, con muchos y singulares milagros, manifestado su grande santidad. Y porque fue a trece de enero, se ha de hacer en el mismo día, si cayere en domingo, y sino el domingo siguiente, yendo el Reino como acostumbra en semejantes funciones a la parroquia de San Lorenzo, donde están su capilla y reliquias, a las primeras vísperas, y en el día a misa, en la que ha de haber sermón y solemnidad”. El documento dejaba bien claro que la festividad la debía celebrar cada año “el Reino junto en Cortes Generales y, disueltas éstas, en su lugar la Diputación”.

Y así sucedió en 1829, al estar las Cortes reunidas en la ciudad de Pamplona. Por este motivo, en la sesión del viernes 16 de enero, el secretario don José Basset, que por su cargo llevaba cuenta puntual de los compromisos, votos y tradiciones que se debían guardar y cumplir a lo largo del año, tomó la palabra para recordar a los asistentes ésta que hoy nos ocupa. “En dicha sesión hice presente yo, el Secretario, que mañana celebra el Reyno las vísperas de las Reliquias del Patrón San Fermín en la iglesia de San Lorenzo. Y se acordó que a la mañana, por tener que llevar los bancos de la sala, no haya sesión, y por la tarde, se reúnan los individuos del Congreso en la sala a las tres y media para ir a las vísperas”.

Y así se hizo. El acta correspondiente a ese día nos da alguna noticia de la forma y ceremonial con que se celebró la festividad. Dice así: “En la ciudad dePamplona y sala de sesiones, sábado a diez y siete de enero de mil ochocientos veinte y nueve, a virtud de lo acordado en la sesión del día de ayer, se juntaron los Tres Estados y yo el secretario, sin asistencia de los síndicos existentes en esta ciudad, ni del depositario del vínculo por indisposición, y a la hora de las tres y media a cuatro de la misma tarde salió el Reyno, dirigiéndose a la iglesia de San Lorenzo a celebrar las vísperas de las Reliquias de su patrón San Fermín, con el acompañamiento de los clarines y timbales y los porteros y maceros de Su Señoría Ilustrísima, que iban delante, y en seguida todos los ilustrísimos señores del Congreso en pelotón, sin guardar ceremonia ni preferencia, y los ilustrísimos señores presidentes de cada uno de los tres brazos a la testera, cerrando la comitiva. En esta forma marcharon por la calle de San Francisco hasta San Lorenzo, en donde, con asistencia de la capilla de música de la Santa Iglesia Catedral de la citada ciudad y el cabildo eclesiástico de dicha parroquial, se cantaron las vísperas; y concluidas éstas, se volvió el Reyno, en la misma forma en que fue y por la dicha calle, a la sala de sesiones de Su Señoría Ilustrísima, en donde se disolvió el Congreso y se concluyó la función”.

Misa mayor con sermón

Al día siguiente, domingo, se celebró la solemne misa mayor en la capilla del Santo, que por entonces presentaba ya, salvo algún pequeño detalle, el mismo aspecto que ahora. Volvemos al acta, un poco escueta, redactada por el secretario Basset: “En la ciudad de Pamplona y sala de sesiones, domingo por la mañana, a diez y ocho de enero de mil ochocientos veinte y nueve, y hora de las diez de la mañana, se juntaron los Tres Estados, síndico, depositario del vínculo y yo el secretario; y dadas las diez y media, salió el Reyno en la misma forma y acompañamiento que el día de ayer y por el referido paraje a la iglesia parroquial de San Lorenzo de esta ciudad, a la función de misa y sermón de las Reliquias del patrón San Fermín. Y concluida, volvió el Reyno en la misma forma a la sala de sus sesiones, en donde se disolvió el Congreso”. Y como los actos devocionales no les distraían de otros asuntos más terrenales e inmediatos, el acta dice a renglón seguido:“En el mismo día, y hora de las siete de la noche, se juntaron los Tres Estados con el objeto de saber el contenido del correo de Madrid; mas como no se sabía la hora en que llegaría, se disolvió el Congreso, habiendo tratado de si al día siguiente, lunes, se reuniría a las nueve o a las diez de la mañana, pero conformaron que fuese a las diez, como los demás días, y se concluyó la sesión”. Aparte de la misa solemne, oficiada por el vicario y cabildo de la parroquia de San Lorenzo, y de la música, siempre importante en esta clase de celebraciones, se le daba entonces una especial relevancia al sermón, en el que se hacía el panegírico del Santo. En la ocasión que venimos recordando sabemos que corrió a cargo del P. Maestro Fr. Telesforo Amatriain, carmelita calzado del convento que por entonces existía en la calle del Carmen, junto al portal de Francia. Dos meses antes, en la sesión del 4 de noviembre de 1828, el presidente de la sala había comunicado a las Cortes el nombre de los predicadores designados por él, según se le había encargado con fecha 23 de septiembre, para las cuatro funciones de iglesia que a la sazón organizaba y costeaba el Reino: San Francisco Javier, la Inmaculada, los Desagravios al Santísimo Sacramento y las Reliquias de San Fermín. En todas ellas se procuraba, por regla general, que en el encargo de los sermones fuesen rotando frailes de las distintas órdenes religiosas. Las Cortes permanecieron reunidas hasta el 28 de marzo, fecha en que tuvo lugar la solemne ceremonia del cierre del solio. Como ya hemos dicho al principio, fueron las últimas que celebró el Reino antes de convertirse en provincia. La Diputación nombrada por ellas continuó celebrando la fiesta de las Reliquias hasta 1836, año en que el Gobierno constitucional sustituyó dicha corporación por una Diputación Provincial.

Publicado en Diario de Navarra el Domingo, 13 de enero de 2013


Texto: Juan José Martinena

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