Pamplona en el Camino

En la fachada del convento de Santiago de los Dominicos labrada en el siglo XVIII hay en hornacina una imagen en piedra de Santiago apóstol con libro, que además tiene bordón o bastón de peregrino, en este caso de hierro. Es la imagen que preside la portada y con ella la plaza de su nombre, flanqueado por Santo Tomás de Aquino y San Vicente Ferrer. El claustro renacentista de la iglesia tiene quizá la mejor imagen pamplonesa de Santiago peregrino, obra de fray  Juan de Beauves, coautor con Pierres Picart del retablo. La imagen policromada muestra con  el  libro apostólico, un conjunto de atributos que podemos ver en la representación de Santiago peregrino.

Calza sandalias, viste túnica corta, con esclavina o capa ornada con conchas, llamadas también veneras, visibles también en el sombreo propio también de viandantes. El bordón o bastón tan propio de caminantes está coronado por una calabaza que les sirve para tomar agua y líquidos y que resulta manejable debido a su poco peso. El zurrón o escarcela,   antecesor de la mochila se encuentra en lugar visible aunque lateral y semioculto entre túnica y capa. Es imagen muy venerada en un templo que acoge en las tres fiestas principales del apóstol: el 25 de julio del martirio,  el 30 de diciembre de la traslación y el 23 de mayo de la aparición a los amigos del Camino de Santiago que se dan cita en él.

Esta iglesia-convento de los Predicadores tiene una singular representación de Santiago niño en el círculo familiar del Niño Jesús. Es la gran familia o la sagrada Parentela que abarca más que la sagrada Familia compuesta por Jesús, María y José. En el altar dedicado desde 1734 ala Virgen de la Nieva y antes a la Virgen del Rosario que tanta devoción tiene en los templos de la orden que ha extendido la devoción de las cincuenta avemarías por todo el  mundo. La fecha es la de renovación del mobiliario religioso por la explosión un año antes del molino de la pólvora o polvorín que causó también el estrago en las vidrieras catedralicias. Pues bien , esta capilla de la Nieva del siglo XVI tiene un altorrelieve con una escena enternecedora de la Virgen y el Niño sedente, con San José en segundo plano como suele, rodeado de los abuelos Joaquín y Ana, de lo que podríamos llamar el círculo íntimo de la familia de Nazaret entre el que se encuentra María Salomé con sus dos hijos Santiago niño y San Juanico o Juanito como se llama en plan castizo al joven apóstol y evangelista. La figura de Santiago está presentada como niño peregrino con bordón en actitud de andar y calabaza a su altura que ofrece a un peregrino adulto, sombrero de cinta a la espalda y pies sin ropaje y en actitud de andar.

La iglesia cuenta en su retablo principal de hacia 1570 obra  de Pierres Picart y fray Juan de Beauves la representación en dos cuadros del milagro santiaguista que el Códice Calixtino sitúa en Pamplona. El ermitaño escultor fray Juan logra narrar en dos escenas el caso de la familia peregrina del norte que prefiere un mesón particular a la utilización de hospital común y que la desgracia se ceba con ellos al morir la madre, ser exprimidos económicamente por el posadero y haber perdido por robo el burro que les servía de apoyo en el viaje. A pesar de ello reemprende el viaje a pie con la fortuna de que un labriego compasivo les ofrece un jumento para hacer más cómo el viaje del padre y los hijos. Al llegar a Compostela el mismo labriego, que no era otro que el apóstol, les da a entender que en Pamplona el mesonero ha muerto de accidente por su conducta y que recuperarán el borrico que traían desde su casa.

Aún cuenta Santiago de los Dominicos, o  iglesia de Santo Domingo, con otra pieza de valor que representa en lienzo anónimo de grandes proporciones, situado encima del acceso a la capilla de diario en el templo y cerca del órgano precioso y útil. Es obra del siglo XVII, de Santiago peregrino que saluda desde sitio tan prominente a los fieles que acuden al templo de su advocación, el más importante de los de la capital navarra en cuanto a iconografía jacobea.

La catedral pamplonesa cuenta con representaciones jacobeas singulares, como por ejemplo,  una imagen-busto del apóstol en la reja –más que verja- del crucero, con línea original, según proyecto de Guillermo Erbenat de 1517. En la sillería del coro del presbiterio adonde se trasladó del centro del templo, hay un asiento consignado a Santiago el Mayor; es uno de los 56 que continúan después de que el deterioro del paso del tiempo haya eliminado varias decenas; se deben al maestro tallador Esteban de Obray que realizó la obra en 1540; Santiago se encuentra en actitud caminante con atuendos peregrinos y rasgos de decidido apóstol. Entre los apostolados que se encuentran en el recinto, cabe destacar el contenido en una vidriera de la capilla del obispo Barbazán a la que se accede por el Claustro, donde se encuentra Santiago el Mayor con atributos que lo identifican; también existe en la misma capilla una vidriera con santos relacionados con Navarra, en la que se encuentra San Veremundo, abad de Irache del siglo XI y protector entonces, patrono ahora de los peregrinos a Santiago.    En el retablo de Caparroso, del 1500, corona uno de los extremos otra efigie suya. De estilo posterior con tintes más barrocos, en el retablo de Santa Catalina, santa titular de la cofradía con vida desde los siglos XIV al XIX, hay un  Santiago caballero, dentro del conjunto realizado por José Munárriz en 1687.

La presentación de Santiago caballero en ánimo de lid tiene una intención de hacerlo protector de la fe. Se suele ambientar en la lucha contra la morisma de la Reconquista y suele estar acompañado por figuras bajo las patas del caballo de guerreros musulmanes, por eso se le denomina también,  Santiago Matamoros. Bien es verdad que durante la Reconquista fue implorado como paladín de la causa cristiana, sobre todo pensando en el papel que se le atribuye de haber contribuido de modo milagroso al desenlace de la batalla de Clavijo. Sin embargo, no es el único santo que tiene este papel, porque San Millán, a veces considerado también patrono de Castilla o de España, monta a caballo y con espada alzada, mantiene una postura combativa. El propio San Isidoro de Sevilla, a pesar de su destacado papel intelectual visible en la extensa, variada y culta obra, adopta ese papel de santa caballero en algún lugar como León donde se le venera. El arcángel San Miguel, caudillo de los ángeles fieles, es figura de invocación constante ante hechos guerreros, blandiendo la espada a diestro y siniestro. Carácter similar suele atribuirse a San Jorge aunque con ribetes más caballerescos, en este desfile de advocaciones ante los peligros de la guerra. Las cruces de la Victoria o las imágenes de las vírgenes de las Batallas, forman parte de esa hagiografía especializada, sin perder de vista que  en estos trances en los que la vida estaba en juego, las necesidades de ponerse en manos divinas era una aspiración llena de sentido. Santiago protector de la fe, de la Espada, Matamoros, ecuestre, caballero o como quiera llamarse, es un tipo de representación iconográfica común donde perdura memoria bélica, especialmente en los espacios cristianos de la Reconquista.

 

Respecto a los enemigos de la fe o contrarios en el orden de batalla, la representación artística no sólo hace referencia a los moros, sino que encontramos ingleses, protestantes, e incluso españoles. Depende de quiénes y dónde  imploraran el favor del apóstol fuerte y guerrero.

 

La representación del apóstol peregrino se puede ver en sitios curiosos y muy cruciales como es el caso del báculo del busto-relicario de San Fermín que preside  la capilla de su nombre en la parroquia de San Lorenzo. El báculo, signo episcopal, bastón que simula el apoyo que todo sucesor de los apóstoles suele tener alusiones a símbolos relativos al obispo de que se trate o a la comunidad que presida. El báculo de este primer obispo pamplonés, obra del platero olitense del siglo XVI Hernando de Oñate, tiene un templete que de lejos parece refuerzo de empuñadura, de forma hexagonal ;en cada una de las caras una figura con hornacina-dosel en forma de concha venera. Santiago el Mayor ocupa una, y el resto son de otros santos como Pablo,  Bartolomé,  Andrés,  Simón y Santiago el Menor o Alfeo. Este homónimo del Santiago patrono de los peregrinos,  fue obispo de Jerusalén y autor de epístolas –cartas- que forman parte del Nuevo Testamento. En el círculo apostólico suelen repetirse nombres como Simón, Judas o Santiago.

 

En el retablo mayor de San Saturnino, obra de Florentino Istúriz de 1907, calificado por los especialistas como “historicista”, vemos un Santiago el Mayor que junto a su hermano Juan evangelista, San Fermín y San Honesto, acompañan la imagen central del titular del templo y patrono de Pamplona. En menor dimensión, la imagen se calca en un apostolado de zócalo que se encuentra en el retablo, lógicamente sustituto de otro anterior.

 

La iglesia que como sabemos tenía en su ámbito cofradía encomendada a Santa Catalina para cuidar peregrinos, dispone de una cruz procesional de plata sobre alma de madera, del siglo XVI muy rica en el programa artístico que contiene. En el templete que sirve de base podemos ver a Santa Catalina, Santo Tomás apóstol y a Santiago el Mayor. Una figura graciosa y exponente de la estupenda pieza de orfebrería, con un motivo jacobeo.


Texto: Jesús Tanco Lerga

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