Las Oblatas celebran los cien años de su presencia en Navarra

La congregación de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor cuyo carisma y espiritualidad están expresados en el nombre de “Oblata” nos recuerda que su oblación tiene que ser total y hasta las últimas consecuencias.

Las Oblatas son mujeres especialmente sensibles al dolor de otras mujeres y se sienten llamadas, convocadas y enviadas a compartir la Buena Noticia con las mujeres que se encuentran en situación de Prostitución y son víctimas de la Trata.

Son mujeres del Pueblo de Dios que viven en comunidad el seguimiento de Jesús Redentor, que se encarnan en la realidad histórica, se enfrentan al poder excluyente y permanecen fieles en su opción por las más débiles.

La misericordia, la solidaridad, la alegría, la gratuidad, la acogida, la cercanía, el respeto, la esperanza, la compasión y la justicia, son los rasgos del ser de las Oblatas que las capacitan para recorrer, con las mujeres, un camino de Evangelización liberadora.

 

FUNDADORES:

La Congregación fue fundada en Ciempozuelos (Madrid) el año 1870 por el Obispo benedictino misionero, José María Benito Serra, natural de Mataró (Barcelona), que al regreso de Australia se instaló en Madrid dedicándose a diversas tareas pastorales. Es en el Hospital de San Juan de Dios donde descubre la situación de las mujeres que, una vez curadas de su enfermedad física, tenían que volver a ejercer la prostitución en contra de su voluntad porque no tenían dónde acogerse. Esto le hace exclamar: “Es demasiado doloroso lo que he contemplado para quedarme tranquilo”. “Yo quisiera salvar a estas mujeres y si todas las puertas se les cierran, yo les abriré una”.

José María sabe también que por tratarse de mujeres ha de contar con una mujer y nadie mejor que Antonia Mª de Oviedo y Schöntal a quien conoció siendo institutriz de las hijas de la Reina María Cristina de Borbón habidas en su segundo matrimonio con Fernando Muñoz, luego el Duque de Riánsares.

Antonia después de 12 años vividos en Palacio, el año 1863, se retiró a obras de caridad y aquí la encontró el obispo Serra y la comprometió en la misión de atender a la mujer prostituida que en la España del siglo XIX se encontraba incomprendida y sin otra salida que volver al mismo lugar donde era vejada y maltratada en su dignidad.

Vencidas las resistencias de Antonia juntos comenzaron lo que el papa León XIII diría:”Esto no es sólo una obra de caridad, es una obra de redención”.

Abrieron el primer Asilo en Ciempozuelos (Madrid) el 1 de Junio de 1864. Al no encontrar quien se hiciera cargo de atender a las más marginadas de la sociedad Antonia decidió hacerse religiosa y el 2 de Febrero de 1870 tomó el hábito con el nombre de Antonia María de la Misericordia.

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Llegan a Pamplona

En Pamplona pronto se enteraron de la existencia de este Asilo y solicitaron su presencia pero no pudo ser pues estaban en los inicios y todavía no se había constituido la congregación religiosa.

Fue el año 1912, cuando fueron llamadas por la Presidenta de la Trata de Blancas la Condesa de Guenduláin, Fuencisla Bernardo de Quirós y Muñoz, esposa de Joaquín Mencos y Ezpeleta, IX conde de Guendulaín. Esta señora era hija de Mª Cristina Muñoz de Borbón una de las Infantas que recibió la educación impartida por  Antonia de Oviedo, luego fundadora de las Oblatas.

 

Llegaron a Pamplona el 4 de Septiembre de 1912 y se instalaron en la Calle Mayor, nº 2 – 4º piso, que corresponde hoy a la Calle SanSaturnino nº 14.

Aquí se empezó a recibir a las primeras jóvenes con problemas personales y familiares, misión que no fue del agrado de los vecinos, por lo que el 31 de Octubre del mismo año pasaron a la finca San José situada en lo que se llamaba por entonces el Barrio de la Magdalena, hoy Orvina, muy cerca del Psiquiátrico y a unos metros de la Avda. Villava. Compraron la finca y comenzaron la misión con el estilo propio, sin tener problemas de vecindario.

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El 18 de diciembre de 1912 fue inaugurado el Centro por el Obispo  José López de Mendoza, con la asistencia de los Condes de Guenduláin.

Esta 2ª casa distaba bastante de la ciudad y no existían los medios de transporte actuales, por lo que siguiendo el consejo del obispo Mateo Múgica vendieron la finca a los Padres Terciarios Capuchinos y mientras compraban y adecuaban la actual de la Avda. de Guipúzcoa nº 5, se instalaron en un edificio de la calle Tejería que había sido Seminario Episcopal, y que luego fue el Colegio San Francisco Javier. Allí estuvieron desde Septiembre de 1928 hasta el 1 de junio de 1933, que pasaron definitivamente al edificio donde residen en la actualidad.

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Misión de la Comunidad

Dentro del Carisma de la Congregación la Comunidad acogía a jóvenes co    n problemas personales y familiares enviadas por la Trata de Blancas; más tarde las plazas eran solicitadas por el Tribunal de Menores, por la Protección a la mujer y por particulares; entre estos últimos cabe mencionar a tantos Párrocos de los pueblos que en su labor apostólica atendían a las familias que manifestaban no saber qué hacer con sus hijas un tanto desorientadas, extraviadas. Al principio y durante bastantes años funcionaba en régimen de Internado que en aquella época recibía el nombre de Asilo. Más tarde y debido a los nuevos métodos pedagógicos y de organización se convirtieron en Hogares o Casa de Familia desde donde podían salir a estudiar y trabajar. Se preparaba a las jóvenes para reintegrarse en la sociedad y las que no eran capaces encontraban en el Centro su casa definitiva.

Más de un millar de jóvenes han pasado por estos Internados y Casas de familia guardando muy buena relación con todas ellas.

En la actualidad el edificio está ocupado por una Comunidad de Hermanas de la tercera edad y algunas Antiguas alumnas, que han querido permanecer en el Centro.

El edificio actual cuenta con 80 años. Más tarde se hicieron nuevas construcciones como el Noviciado (hoy Residencia de la tercera edad) que fue inaugurado el 13 de Junio de 1948 y en el que hicieron la Profesión Religiosa 583 Hermanas Oblatas.

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Al comienzo el Internado era gratuito por lo que se sostenía con trabajos propios, productos de la finca, labores de confección y bordado y las limosnas de tantas familias navarras que según cuentan fueron muy generosas.

Vocaciones Navarras.

La congregación, en sus 143 años de existencia se ha visto enriquecida con 352 vocaciones Navarras; entre ellas destacamos por su servicio especial a Madre Eugenia Pérez Ilzarbe, natural de Etayo (Navarra), que ejerció el cargo de superiora General durante 25 años. Actualmente cuentan en la congregación con 81 Hermanas Oblatas navarras que trabajan en diferentes comunidades de Europa y América.

La comunidad de Pamplona se prepara para celebrar con júbilo este primer Centenario, dando gracias al Señor por todo lo vivido y experimentado en estos 100 años. Gracias a la Iglesia y a la sociedad que las acogió, a los familiares de las Hermanas y a los bienhechores que hicieron posible su misión en esta tierra. También quieren agradecer el servicio fiel de los capellanes durante los últimos 50 años: Martín Azpiroz,  Juan Apecechea y Jesús Lezaún.

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