Festividades

San Fermín fue Patrono principal del Reino de Navarra y de la Diócesis de Pamplona desde época imprecisa. En 1624, las Cortes privativas declararon por único Patrón a San Francisco Javier, de lo que se siguieron disensiones y pleitos eclesiásticos en los que el Ayuntamiento de la capital se opuso tenazmente a la variación. La solución fue conciliadora: en 1657 el Papa Alejandro VII dispuso que ambos santos se venerasen igualmente como Copatronos de Navarra.

 

En la actualidad, tres son las festividades de San Fermín que se celebran: siete de julio; veinticinco de septiembre, evocación del martirio; y, en un domingo variable de enero, la función de las Reliquias. Veamos brevemente sus respectivos antecedentes históricos.

 

Hasta finales del siglo XVI, pamploneses y navarros honraban a San Fermín en los inseguros días de otoño, el 10 de octubre, para mayor exactitud. Era la conmemoración litúrgica de la entrada del Santo Obispo en su sede de Amiens. Puede resultar sorprendente la elección de este acontecimiento, sucedido en la Galia, para venerar al ilustre Patrón navarro, pero se explica por el componente humano de procedencia franca, que pobló a fines del siglo XI el pamplonés Burgo de San Cernin, con exclusión de gentes de otro origen.

 

Pero en 1591 San Fermín comenzó a recibir culto por primera vez el 7 de julio. Y es que los pamploneses habían decidido solicitar de su prelado, don Bernardo de Rojas, el traslado de la celebración desde el incierto otoño al mes de julio, en que el tiempo ofrece garantías de bonancible. Además, las fechas coincidían con la feria franca, que se venía celebrando en la capital desde 1381, de acuerdo con el privilegio concedido por Carlos II de Navarra. En cuanto a la elección del 7 (séptimo día del séptimo mes del año), no parece responder a otra razón que la de su valor simbólico-religioso como propio de “fiesta”, y que puede estar relacionado con el relato bíblico del Génesis, cuando tras la Creación “descansó Dios el séptimo día de cuento hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho”.

 

El carácter litúrgico como solemnidad explica que la fiesta de San Fermín contase desde antiguo con una función de “Vísperas”, que, ya en los tiempos medievales, se celebraba en su correspondiente capilla de la desaparecida iglesia gótica de San Lorenzo, en la tarde anterior al día principal. A estas vísperas -9 de octubre y luego, 6 de julio- acudía el Regimiento o Ayuntamiento con toda solemnidad y en compañía de pueblo y ciudadanos principales, en cortejo que, a partir de 1915, daría paso al “Riau-riau”.

 

Durante dos siglos, el 6 de julio fue día “de vigilia penitencial”, en cumplimiento del voto que la Ciudad formuló a San Fermín en 1599, con motivo de la virulenta epidemia de cólera que ese año atacó a Pamplona. De modo que hasta la conmutación de la promesa, a finales del siglo XVIII, se recordaba a los vecinos, mediante pregón, el compromiso de abstinencia de carne en las comidas durante la jornada.

 

En la mañana del siete de julio la calle se convierte en lugar de culto a San Fermín, con motivo de su Procesión mañanera. La efigie, acompañada del cabildo Catedralicio, Corporación Municipal y diversas representaciones, se enseñorea de las viejas rúas de Taconera, San Antón, Plaza del Consejo, Zapatería, Calceteros, Mercaderes, Plaza Consistorial y San Saturnino para, por Mayor, regresar a su Capilla. El itinerario permite tocar los tres viejos núcleos de la Pamplona clásica: el Burgo, la Población y la Navarrería. Como procesión, pertenece al género de las llamadas estacionales, que se caracterizan por partir de una iglesia principal–la Catedral- para acudir a otra –San Lorenzo- y tomar la imagen, que es además relicario del mártir (con la que realiza la estación procesional propiamente dicha, reponiéndola después en su tabernáculo) para, tras la misa, regresar finalmente a la Seo.

 

El origen de la Octava, que, con asistencia del Ayuntamiento se celebra en la Capilla de San Fermín en la mañana del 14 de julio, es luctuoso. En julio de 1689, próximas las fiestas, la Ciudad se encontraba protocolariamente de luto, con motivo de la muerte de la reina  María Luisa de Orleáns, esposa de Carlos II el Hechizado, acaecida en el precedente mes de febrero. Y como era obligada la suspensión de toros, fuegos y danzas, el Ayuntamiento pensó aplicar el ahorro de los correspondientes gastos en mejorar el culto  del Patrono, con el establecimiento de una octava con misa cantada diaria, a la vez que encareció a futuras corporaciones la pervivencia de la nueva solemnidad.

 

El 25 de septiembre se celebra en Pamplona el Martirio de San Fermín, el auténtico “dies natalis”, que según la liturgia sería la festividad más importante. Tiene dos escenarios: la basílica de Aldapa, dentro de las fiestas de “San Fermín Chiquito”, con la típica procesión de sabor popular por las calles de la Navarrería. Y la celebración en San Lorenzo, que no ofrece el boato de otros tiempos, cuando se cantaban vísperas el 24 y acudía el Ayuntamiento el 25, porque en 1836 interrumpieron los ediles la costumbre (aunque en la actualidad sigan asistiendo algunos corporativos a título particular). Pero es el clero de aquella parroquia y la Corte de San Fermín quienes organizan la fiesta y la Novena que le precede.

 

En trance de ser declarados Copatronos de Navarra San Francisco Javier y San Fermín, en 1656 acordaron las Cortes de este Reino y el Ayuntamiento de la Capital dedicar cultos especiales a los Patronos, promovidos separadamente por cada una de las dos instituciones. Y por lo que respecta a San Fermín, como el hallazgo portentoso de su cuerpo se produjo a las afueras de Amiens un 13 de enero, se comprometió el Reino a ir anualmente a su capilla de San Lorenzo en esa fecha, si fuese domingo; o, en otro caso, el domingo inmediato siguiente. De modo que hasta 1836, las Cortes, cuando estaban reunidas en la capital, o la Diputación, en periodo de interregno, acudían el día señalado para la solemnidad, como también lo hacían en la tarde anterior, con el fin de asistir a las correspondientes vísperas. Actualmente, esta Función de las Reliquias es organizada por el clero parroquial de San Lorenzo y por la Corte de San Fermín, conservando así la tradición secular.

Cabe recordar que en 1725 el Papa concedió el rezo del Patrono de Navarra con rito doble para toda España.  Y que en 1746 Benedicto XIV elevó a rito doble para Pamplona, Diócesis y Reino de Navarra el oficio y misa correspondiente a la conmemoración del Martirio de San Fermín, del 25 de septiembre.