El templete

Entre 1717 y 1793 la imagen de San Fermín se alojó en trono exento, obra del escultor Pedro Onofre. De grandes proporciones, en torno a los diecisiete metros de altura, estaba situado bajo la cúpula, centrando el espacio interior de la Capilla.

El 25 de agosto de 1825 los regidores se plantearon la necesidad de construir un nuevo tabernáculo decente. El proyecto, de corte neoclásico y resabio italiano, se debe al escultor Francisco Sabando y fue ejecutado con algunas modificaciones por Anselmo Salanova, profesor de escultura y pintura residente en Pamplona, aunque también intervinieron parcialmente el italiano Luis Boezia y Carlos Pedduzzy, quien vino de San Sebastián. Se inauguró para Sanfermines de 1819. Inicialmente previsto en pino de Aragón, fue de hecho realizado en estuco. Sobre el basamento, en el que se disponen tres mesas de altar, ocho columnas reciben la cúpula, cuyas pechinas interiores acogen ángeles con atributos episcopales. Sobre las columnas discurre una cornisa quebrada, en cuyos ángulos se sitúan cuatro ángeles arrodillados; en el culmen, una alegoría de la Iglesia; y sobre la cornisa, el Cordero Místico, sobre el Libro de los Siete Sellos.