Obras posteriores a la inauguración

Sólo cuatro años después de la entronización, en 1721, fue necesario hacer arreglos en el exterior de la Capilla, a causa de las humedades. Posiblemente la cubierta tenía algunos defectos; su reparación ascendió a 1.000 ducados. Para julio de 1736 se encontraban colocados en los paramentos angulares del recinto cinco grandes cuadros con escenas de la vida de San Fermín, que ejecutó el pintor, vecino de Vitoria, Pedro Antonio de Rada. El mismo se encargó al año siguiente de jaspear los cuatro machones o pilares centrales que tenían mal aspecto por lo basto de la piedra.

Mayor trascendencia tienen las obras emprendidas en el tránsito de los siglos XVIII al XIX. En enero de 1795 se derrumbó la linterna y la media naranja, resultando un boquete que fue necesario cubrir de manera provisional. Y restablecida la paz con el gobierno francés de la Convención, se pudo pensar en acometer la necesaria reconstrucción a la vez que, de paso, en adecuar el ornato interior de la capilla al nuevo gusto académico, bien lejano del barroquismo que ofrecía. Convocado el oportuno concurso, resultaron elegidos los planos presentados por Santos Ángel de Ochandátegui, que preveía obras por un presupuesto total de 134.910 reales de plata fuertes. El buen quehacer de Ochandátegui era manifiesto en Pamplona, tras haber dirigido a pie de obra la traída de aguas desde Subiza, entre 1785 y 1790. Y ahora se ocupaba en la dirección de los trabajos de la fachada de la Catedral. Dos proyectos ideados por Ventura Rodríguez, imprescindibles para comprender la implantación de la arquitectura academicista en Navarra. Finalizadas las reformas, pudo reinaugurarse la Capilla el 7 de julio de 1805 al colocarse el santo en el trono, con la celebración del oportuno pontifical.

Todavía se realizó dentro del siglo XIX alguna reparación. Concretamente entre el 3 y el 16 de septiembre de 1823 el bombardeo de la Pamplona constitucional por la artillería de Lauriston, integrada en la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis, arruinó gran parte de la bóveda de San Lorenzo y afectó también a la Capilla, que resultó incendiada y su linterna derribada. Rápidamente reedificada ésta, pudo trasladarse la efigie de San Fermín, desde su emplazamiento provisional en los Descalzos a su recinto, el domingo 8 de febrero de 1824.

Y un dato curioso: los enrejados que cierran la galería baja del circuito exterior de la Capilla proceden de la fundición de las rejas de hierro que vendió el Cabildo de la Catedral en 1806, con un peso de trescientas treinta y una arrobas y veinticinco libras, por 3.524 reales y 8 maravedíes.