San Fermín, entre la historia y la leyenda

(Por José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena)

San Fermín es uno de los santos mundialmente más conocidos, no tanto por su vida, su episcopado, sus trabajos apostólicos o su pasión y martirio, sino por las fiestas que cada año le tributa la ciudad de Pamplona, en Navarra (España), del 6 al 14 de julio, conocidas como Sanfermines o Pamplonada. Las imágenes de estas fiestas, particularmente la carrera de toros por varias calles de la ciudad, han llegado y llegan a todo el mundo a través de la televisión.

Pero para no quedarnos con un conocimiento meramente superficial de san Fermín e ir más allá de las fiestas y del folclore que rodean al santo obispo, conviene adentrarse en su vida, conviene acercarse a su persona y que así su ejemplo nos estimule a anunciar la fe incansablemente y a seguir a Cristo incluso hasta el extremo de dar la vida por él.

Tal y como describiremos con más detalle a continuación, san Fermín, según narra la tradición, vivió en la segunda mitad del siglo III y fue el primer obispo de Pamplona, su ciudad natal, y, más tarde, de Amiens (Francia), adonde le condujo su infatigable actividad misionera y donde sufrió el martirio por decapitación, durante la persecución del emperador del Diocleciano. Hay algunos autores que sitúan a san Fermín en el siglo I, habiendo sido martirizado, en este caso, durante la persecución del emperador del Domiciano.

Las noticias de su vida han llegado a nosotros por medio de las Actas de la vida y del martirio de san Fermín, redactadas probablemente hacia el siglo VI en su parte más esencial que habría sido ampliada posteriormente, y de los breviarios medievales. En ellos aparece mezclada la realidad histórica con elementos legendarios sobre la vida del santo, fruto de la devoción del pueblo fiel que, admirado por el ejemplo recibido, narraba de modo exagerado, partiendo de una cierta base real, las gestas de su vida, dejando de lado la objetividad de los hechos.

A pesar de que su existencia no puede testimoniarse con documentos históricos, no podemos concluir que san Fermín sea fruto de la devoción popular o de leyendas hagiográficas. No parece lógico que la lápida con la inscripción “Firminus M.” (“Fermín mártir”), hallada en Saint Acheul (Francia) cerca de Amiens, lugar donde la tradición afirma que fue enterrado el santo obispo tras su martirio, diera origen al culto que allí se empezó a tributar a san Fermín. Y, más aún, que a ese santo se le atribuyese como lugar de procedencia Pamplona, ciudad situada a mil kilómetros de distancia de Saint Acheul, impidiendo, además, que ninguna Iglesia de Francia pudiera apropiarse de un hijo tan ilustre. De modo que algún fundamento tuvieron aquellos cristianos de Amiens para atribuir al mártir y obispo un origen tan lejano y para muchos de ellos desconocido. Por otra parte, la diócesis de Pamplona cuenta actualmente con un obispo, que tuvo un antecesor, que a su vez sucedió a otro, y éste a otro, etc. Alguna vez, uno de ellos tuvo que ser el primero. ¿Se llamaba Fermín?